
Resulta que México sí tiene un Plan Nacional de Inteligencia Artificial
Yo también pensaba que seguíamos en la etapa de los foros, las mesas de trabajo, las iniciativas y las declaraciones sobre todo lo maravilloso que podría hacer la inteligencia artificial por México.
Hasta que me compartieron este documento.
Ahí estaba: Plan Nacional de Inteligencia Artificial. Abril de 2026. Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones.
Lo primero que hice fue buscar la letra chiquita, porque una cosa es tener un plan, otra muy distinta tener una ley y otra todavía más complicada es contar con presupuesto, responsables, indicadores y capacidad para ejecutarlo.
Tampoco nos emocionemos de más.
México sí tiene un Plan Nacional de IA, pero todavía no tiene una ley general vigente que establezca obligaciones y sanciones para las empresas. El documento es una hoja de ruta para el Estado mexicano: marca la dirección, identifica prioridades y anticipa lo que vendrá después.
Y lo que viene no es menor.
Tres pilares, y uno de ellos ya le habla a tu empresa
El Plan se sostiene en tres grandes temas: un marco ético y legal sólido, capacidades de talento y software público, e infraestructura estratégica para la soberanía tecnológica.
Es decir, no se limita a decir que debemos "usar la IA responsablemente", esa frase que ya sirve para todo y no significa casi nada. Habla de supervisión humana, explicabilidad, protección de derechos, calidad de los datos, ciberseguridad, auditoría y responsables claramente identificados.
También establece algo muy importante. Es el tercero de sus principios rectores y está escrito así:
"Si una decisión no puede explicarse, no debe automatizarse."
Parece sentido común, pero hay empresas implementando inteligencia artificial en atención al cliente, reclutamiento, evaluación de personal, marketing, crédito y análisis de riesgos sin saber exactamente con qué datos trabaja, cómo llega a sus conclusiones o quién va a responder cuando se equivoque.
Ya no es una foto cortando el listón
El documento plantea que México necesita dejar de ser un consumidor pasivo de tecnología. El Estado quiere desarrollar capacidades propias para diseñar, adaptar, evaluar y supervisar sistemas de IA.
Para eso creó la Fábrica de IA, integrada según el Plan por 100 expertos especializados. Y sus proyectos del primer año ya tienen nombre, dependencia y, en un caso, números de uso:
Entonces no, la IA en el Gobierno mexicano ya no es solamente una presentación con muchos foquitos y una foto cortando el listón. Ya existen casos de uso concretos.
Ahora falta saber cómo se medirán, cómo se auditarán y qué sucederá cuando fallen.
Porque también hay que decirlo: el Plan describe con bastante claridad hacia dónde quiere ir México, pero todavía deja pendientes los mecanismos detallados de implementación, los indicadores públicos, las responsabilidades definitivas y las consecuencias cuando un sistema afecte derechos o tome una mala decisión.
Ahí está la diferencia entre anunciar una estrategia y lograr que funcione.
La palabra "certificación" va a estar en todas partes. Hay que leerla con cuidado
Otro punto que me llamó la atención es la formación de talento. El Centro Público de Formación en IA prepara personas en cinco áreas: inteligencia artificial, análisis de datos, programación en Java, cómputo en la nube y ciberseguridad. La primera generación cuenta con 10,000 estudiantes y la capacidad proyectada es de 25,000 certificaciones anuales.
Es una buena noticia. Y aquí es donde conviene leer despacio.
El propio Plan dice que los egresados obtendrán "una doble certificación: una expedida por las empresas participantes y otra por las autoridades educativas mexicanas". Las empresas participantes son catorce, entre ellas AWS, Google, IBM, Microsoft, Oracle, SAP y Accenture.
Eso es valioso, y no es lo mismo que una certificación profesional de personas acreditada bajo ISO/IEC 17024, que es un esquema internacional con requisitos de imparcialidad, vigencia y recertificación.
No lo digo para restarle mérito al programa. Lo digo porque en los próximos años vamos a escuchar la palabra "certificación" aplicada a cosas muy distintas, y será indispensable preguntar tres cosas: quién certifica, bajo qué estándar y qué competencia está validando.
No todo papel con logotipo significa lo mismo.
Y hay una línea que casi nadie ha leído
En la sección de la Fábrica de IA, el Plan dice que en su evolución podrá incorporar líneas de trabajo vinculadas con "la supervisión y certificación de sistemas de alto riesgo".
Léelo otra vez.
El Estado está contemplando entrar a supervisar y certificar sistemas de inteligencia artificial de alto riesgo. Todavía no dice cuáles, ni con qué criterios, ni desde cuándo. Pero si tu empresa usa IA para decidir a quién contrata, a quién le da crédito o a quién le niega un servicio, ahí es donde te va a tocar.
La ley que viene
El Plan anticipa una futura legislación federal en materia de IA, articulada en torno a seis principios rectores: transparencia y explicabilidad de los sistemas; licitud y uso ético; no discriminación; proporcionalidad; supervisión humana efectiva; y corresponsabilidad entre quienes desarrollan, distribuyen y utilizan la IA.
Esa última palabra es la que importa. Corresponsabilidad significa que la obligación no será solo de quien fabrica el modelo. También de quien lo distribuye y de quien lo usa. Tu empresa está en la tercera categoría.
Todavía no sabemos cómo se traducirá todo eso en la ley. Pero ya podemos ver por dónde viene.
Entonces, ¿qué hago hoy?
¿Esto significa que mañana llegará una autoridad a pedirle a las empresas su política de inteligencia artificial? No.
¿Significa que pueden ignorar el tema hasta que aparezca una ley en el Diario Oficial? Tampoco.
Muchas organizaciones ya utilizan IA sin haber hecho siquiera un inventario. La usa marketing para generar contenido, recursos humanos para revisar candidatos, ventas para analizar prospectos y atención al cliente para responder preguntas. En algunos casos, cada empleado utiliza la herramienta que encontró y nadie sabe qué información de la empresa está cargando.
El riesgo no empieza cuando llega la regulación. Ya está dentro de la operación.
Por eso las empresas deberían comenzar por algo mucho menos espectacular que comprar otra plataforma: identificar qué sistemas de IA están utilizando, qué datos procesan, quién autorizó su uso, qué decisiones apoyan, qué controles existen y quién responde por los resultados.
No para entrar en pánico ni para contratar al primer consultor que aparezca ofreciendo el nuevo sello de "empresa lista para la IA".
Para poner orden.
México ya escribió hacia dónde quiere llevar su estrategia de inteligencia artificial. La parte difícil será convertir ese documento en instituciones, presupuesto, talento, infraestructura, controles y resultados.
Para las empresas, la señal también está sobre la mesa.
El Plan todavía no las obliga. Pero sí les está avisando lo que viene.
Y cumplir con prisa siempre sale más caro que prepararse con tiempo.
Fuentes
- Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones (ATDT) — Plan Nacional de Inteligencia Artificial, abril de 2026. https://www.portal.atdt.gob.mx/wp-content/uploads/2026/06/Plan-Nacional-de-IA.pdf
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